domingo, 4 de diciembre de 2011

¿Es más difícil la novela que el cuento?

En el imaginario popular hay una tendencia a creer o sospechar que a la hora de escribir (y también por qué no, de leer) la novela es un camino más arduo y escabroso que el cuento. Tal vez esa impresión tenga su primera resonancia en cuanto a las características que supone uno y otro género en cuestión.
Mucho se ha escrito sobre las diferencias que separan a estos principales géneros narrativos y que tienen que ver con la concepción de mundo que abordan, el número de personajes que se ponen en juego, la duración de los hechos, etc. Se ha afirmado también que la novela trata una trama abierta y el cuento, en cambio, una trama cerrada y hasta se ha observado una aparente diferencia en cuanto a la experiencia de lectura frente al cuento y a la novela.
Al respecto, Enrique Anderson Imbert (gran escritor y ensayista argentino) señala en su famoso libro "Teoría y técnica del cuento" (1979):
"Tanto la novela y el cuento invitan al lector al espionaje. En la novela seguimos los pasos del protagonista con un espionaje continuo. Lo vemos andar de aquí para allá, durante mucho tiempo, entremezclado en una muchedumbre, y al protagonista, aspiamos desde diversas distancias, desde distintos ángulos. En el cuento, en cambio, el protagonista, arrojado a una singular situación, cobra conciencia de sí: esta autorevelación es un cambio, sí, pero termina el cuento antes de que veamos cómo este cambio ha de manifestarse en la conducta futura. Es un rápido vistazo a una persona, no un continuo espionaje.
De aquí que la novela nos produzca la impresión de estar leyendo algo que pasa y el cuento algo que pasó"(pág. 46).
Sin embargo, a la hora de la creación, es posible que esos límites entre uno y otro género se diluyan o se falsifiquen y, por ejemplo, la complejidad que creíamos específica de la novela constituya, en cambio, la esencia de un determinado cuento y viceversa.
La única certeza concreta que tenemos a la hora de diferenciarlos es su extensión: la novela es más larga (mínimo 50000 palabras) y el cuento es breve (entre 2000 y 20000 palabras).
Volviendo a la pregunta que nos convoca, debemos desterrar el prejuicio de que a mayor extensión, mayor complejidad. A mi criterio, por el contrario, siendo el cuento una estructura breve, el cuidado en la selección de elementos narrativos es más riguroso ya que cualquier "pieza" fuera de lugar es más susceptible de ser descubierta.
El mismo autor antes citado diría al respecto: "Yo, por ejemplo, escribo más cuentos que novelas. Sin embargo, si comparo un género con otro desde el punto de vista del esfuerzo que me cuesta el escribir la misma cantidad de páginas con la misma calidad de estilo en el mismo número  de horas, debo decir que, en mi caso, el cuento me es más difícil que la novela" (pág. 49)