jueves, 17 de noviembre de 2011

La vida y la Literatura

Si bien hemos comentado muchas veces - algo sabido y repetido- que en la Literatura no hay una identificación entre el autor de carne y hueso y el narrador con la historia que narra, sin embargo ¿quién alguna vez no decidió ir a espiar la biografía de algún escritor, después de haber quedado eclipsado por alguno de sus textos? Y al revés, ¿alguien puede decir que nunca se vio tentado en conocer una obra, luego de haber escuchado alguna entrevista de un autor consagrado?
Es así. Y esto sucede porque la vida y la Literatura se entrelazan, se iluminan, se ocultan o se dejan traslucir ciertas aristas.
Por eso quería hacer alusión al escritor Juan Rulfo que me maravilló con su famosa novela "Pedro Páramo". Cuando uno lee sus textos, como por ejemplo su hermoso cuento Macario, siente que a pesar de que no debamos identificar sus historias ficcionales con la vida, no podemos -o mejor dicho, yo no puedo- no pensar en los pesares del hombre de carne y hueso:
“Yo tuve una infancia muy dura, muy difícil. Una familia que se desintegró muy fácilmente en un lugar que fue totalmente destruido. Desde mi padre y mi madre, inclusive todos los hermanos de mi padre fueron asesinados. Entonces viví en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino de devastación geográfica. Nunca encontré ni he encontrado hasta la fecha, la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la Revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica. Hasta hoy no he encontrado el punto de apoyo que me muestre por qué en esta familia mía sucedieron en esa forma, y tan sistemáticamente, esa serie de asesinatos y de crueldades.
Yo procedo de una región donde se produjo más que una revolución -la Revolución Mexicana, la conocida -, en donde se produjo asimismo la revolución cristera. En ésta los hombres combatieron unos en contra de otros sin tener fe en la causa que estaban peleando. Creían combatir por su fe, por una causa santa, pero en realidad, si se mirara con cuidado cuál era la base de su lucha, se encontraría uno que esos hombres eran los más carentes de cristianismo”.
“[…]Hay que entender la historia para entender este fanatismo de que hemos venido hablando. Yo soy de una zona donde la conquista española fue demasiado ruda. Los conquistadores ahí no dejaron ser viviente. Entraron a saco, destruyeron la población indígena, y se establecieron. Toda la región fue colonizada nuevamente por agricultores españoles. Pero el hecho de haber exterminado a la población indígena les trajo una característica muy especial, esa actitud criolla que hasta cierto punto es reaccionaria, conservadora de sus intereses creados. Son intereses que ellos consideraban inalienables. Era lo que ellos cobraban por haber participado en la conquista y en la población de la región. Entonces los hijos de los pobladores, sus descendientes, siempre se consideraron dueños absolutos. Se oponían a cualquier fuerza que pareciera amenazar su propiedad. De ahí la atmósfera de terquedad, de resentimiento acumulado desde siglos atrás…”
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1) Es citado por Lilian Elphick, en http://lilielphick.blogspot.com/2007/03/apuntes-sobre-macario-de-juan-rulfo.html