martes, 26 de febrero de 2013

LA NOVELA


 
El otro día me preguntaban cuántas páginas debía de tener una novela. Y preguntarse desde una perspectiva cuantitativa tiene su razón de ser: a la hora de hablar de novela, los especialistas entienden que una novela cuenta con un mínimo de 50000 palabras y  la novela corta, entre 30000 y 50000. Con respecto al cuento, este oscilaría entre las 2000 y 30000 palabras (Anderson Imbert, 1979:44). Caer en esta explicación medible suele ser la primera y última alternativa.

Sin embargo, adentrándonos en las diferencias más que nada genéricas, debemos reconocer que confeccionar un cuadro de dos columnas deviene en una tentación metodológica.  A pesar de que –como diría Anderson Imbert- “lo malo de estos cuadros comparativos es que, a fuerza de exagerar las diferencias, las falsifica” (1979: 47), trataré de esbozar un contraposición aunque más no sea para que discutirla después.

De esta manera estaríamos abstrayendo las generalidades del cuento y de la novela y quedaría algo así:

 
Novela
Cuento
Concepción del mundo
Se presenta como un vasto conjunto de hechos heterogéneos
Puede hablar de siglos, países, muchedumbres, etc.
Se centra más bien en un único suceso con mayor intensidad
Apenas hace referencia a lugares más acotados, a seres solitarios
Personajes
Se le da cabida a mayor número de personajes que interactúan en un complejo mundo social
Suele atrapar a pocos personajes y hasta con uno sólo muchas veces alcanza
Alcance de la curiosidad
La curiosidad aparece sostenida gracias a una serie indefinida de incidentes
La curiosidad es instantánea
Focalización atencional del lector
Suele interesarse más bien por la psicología del agente de ficción (el aventurero) que por una aventura en sí
 
Suele interesarse más en la situación donde se encuentra inmerso el personaje que en su carácter
 
 
Modo de la  narración
Forma abierta.
Trata de imitar el andar de los hombres en diversas historias con la sensación de que esas historias tienen un devenir que no parece concluirse del todo
Forma cerrada
Su brevedad le exige ir “al grano” sin dejar cabo sueltos.
La acción, única, se completa en el desenlace.

 

¿En qué radica la importancia de los capítulos  en una novela?

Los capítulos en una novela dan cuenta de esa trama abierta que hace que se ramifique en varias direcciones.

Tanto la novela como el cuento son totalidades: ni la novela es una suma de cuentos ni el cuento es un fragmento de novela. Pero la novela se subdivide en capítulos que, uno a uno, son vistazos incompletos. El lector, en cada capítulo, contempla lo que les está pasando a sus personajes pero, como quiere comprenderlos psicológicamente, también se interesa por lo que les pasó antes de la fecha en que comienza la acción novelesca, y así agradece al novelista cuando lo ve exponer antecedentes, anticipar hechos, analizar y comentar. (Imbert, 1979: 45)

 

Alguna vez escuché la metáfora de que la novela es una poderosa luz y el cuento, un destello. Que una es más difícil de escribir y la otra más fácil.  Es importante tener en cuenta que esto se trata de una falacia más y que la dificultad varía de escritor a escritor. Cada uno sabe cuál es la forma de narrar que le sienta mejor.  Vale en todo caso citar al respecto parte de una entrevista a Jorge Luis Borges:

 

Profesor, sus poemas y sus cuentos son muy bien conocidos en el extranjero, pero creo que usted no ha escrito ninguna novela. Si es así, quisiera preguntarle si hay alguna razón específica.


Yo creo que hay dos razones específicas: una, mi incorregible holgazanería, y la otra, el hecho de que como no me tengo mucha confianza, me gusta vigilar lo que escribo y, desde luego, es más fácil vigilar un cuento, en razón de su brevedad, que vigilar una novela.
Es decir, la novela uno la escribe sucesivamente, luego esas sucesiones se organizan en la mente del lector o en la mente del autor, en cambio uno puede vigilar un cuento casi con la misma precisión con que uno puede vigilar un soneto: uno puede verlo como un todo.
En cambio, la novela se ve como un todo cuando uno ha olvidado muchos detalles, cuando eso ha ido organizándose por obra de la memoria o del olvido, también.
Además, creo que hay escritores -y aquí pienso en dos nombres, inevitables desde luego, pienso en Rudyard Kipling y pienso en Henry James- que pudieron cargar un cuento con todo lo que una novela puede contener.
Es decir, creo que los últimos cuentos que Kipling escribió están tan cargados como muchas novelas y aunque yo he leído y releído y seguiré releyendo Kim, creo que algunos de los últimos cuentos de Kipling, por ejemplo "Dayspring Mishandled", o quizás "Unprofessional" o "The gardener", están tan cargados de humanidad, de complejidades humanas, como un libro como Kim y como muchas novelas.
De modo que no creo que escribiré una novela. Ya sé que esta época parece exigir novelas de los escritores.
Continuamente me preguntan que cuándo voy a escribir una novela, pero me consuelo pensando que alguna vez le preguntaban a los escritores: "¿Y usted, cuándo va a escribir una epopeya?" o "¿Cuándo va a escribir un drama de cinco actos?", y actualmente esa pregunta no se usa.
Creo, además, que el cuento es un género más antiguo que la novela y quizás pueda outlive, quizás pueda vivir más allá de la novela.
Pero aquí me doy cuenta de que estoy repitiendo lo que ha dicho otro autor favorito mío, Wells, y tratándose de Wells, yo diría de él lo que pueda decirse de Henry James: creo que sus cuentos son muy superiores a sus novelas y no son menos ricos.