domingo, 22 de julio de 2012

El significado del mito: lecturas críticas

Teorías y teóricos. Pensamientos que dejan correr tinta sin encontrar –por suerte- un punto final. Y digo “por suerte” porque si hay algo reconfortante es leer el diálogo de distintos pensadores.  Son infinitos los temas que dan lugar a interesantes debates a partir de diferentes perspectivas. Eso mismo: se trata de “formas de mirar”, con lo cual –como veremos más adelante- muchas de las discusiones en torno a distintos temas –creo- no depende tanto de lo que se dice sino de cómo  recepciona el lector aquello que lee.
Y hay algo más.  Tal vez sea una obviedad pero me permito explicitarlo: ninguna forma de pensamiento es más o menos “correcta” que otra. Todas han contribuido en provechosas referencias y reformulaciones que han hecho de las precedentes ideas indispensables eslabones de partida. Necesarios eslabones en esa maravillosa evolución teórica. Y me viene a la mente el genial De Saussure, quien –como todo estructuralista- ha sido el blanco de muchos embates de posteriores detractores. Pero, nada de lo que hoy leemos sería sin aquellos lúcidos teóricos. Nada hubiese sido sin el estructuralismo.
Y entonces pienso en el tema del mito,  tan presente  en  estudios literarios, psicológicos, etnográficos, antropológicos y por qué no en la vida cotidiana.  Indagar sobre mitologías nos abre caminos hacia distintas teorías y lúcidos pensadores. Entre ellos, no podría dejar de mencionar a un referente en el tema: Levi-Strauss, cuyas ideas abrieron los ojos de muchos jóvenes en la década del sesenta. Octavio Paz y José María Arguedas son referentes literarios que podría recordar ahora como ejemplos.
Y hay una cuestión importante que nos exige hacer una salvedad: cuando de lecturas teóricas o formas de pensamiento se trata, es necesario tener en cuenta que detrás de esa lectura hay un sujeto real, de carne y hueso, atravesado por una ideología y un contexto social que indefectiblemente lo determina. Si se quiere, condiciona la manera de leer y de interpretar esos sistemas de pensamiento que se erigen frente a sus ojos.
Por qué digo esto. Porque no es lo mismo leer a Levi-Strauss hoy que leerlo cuando se comenzó a descubrir, en una  época en que América Latina estaba pincelada de ideas marxistas, que no era entendida sólo como la Ciencia de la Revolución sino más bien la Ciencia de la Historia. La Historia y lo histórico tiñendo la realidad.  Esto no es un tema menor, porque quien decide leer la teoría encorsetado en un limitado punto de vista, corre el riesgo de malinterpretar y distorsionar  ciertas teorías.  O crear otra distinta de la original. Es entendible: no sabe correrse de esa limitada manera de leer, Y me refiero a esos adeptos a la Historia. Veamos un ejemplo. Hay un concepto de Levi-Strauus que opone “sociedades calientes” versus “sociedades frías”. Estas últimas son aquellas que en realidad estarían reproduciendo un modelo originario, por eso se pueden interpretar como más tendientes a la estabilidad y la resistencia al cambio. Por otro lado, las “sociedades calientes” serían aquellas que se recuestan en el conflicto y es ese su motor de funcionamiento, van detrás de ideas de progreso y desarrollo. Como las sociedades occidentales, si se quiere. ¿En qué trastabillan los que leen esta teoría desde un punto exclusivamente histórico? En que interpretan “sociedades calientes” vs. “sociedades frías” como “más históricas” y “menos históricas”. Valga limitada observación. Sea como sea una sociedad (más o menos propulsora del cambio) siempre está atravesada por la historia, siempre construirá y será construida por ella.
Y volvamos entonces al mito y a esa manera de leer la teoría.
Cuando Levi-Strauss estudió el mito desde una perspectiva estructural (según los elementos que se combinan en el mismo de una manera más o menos fija) fue el blanco de las críticas –como ha pasado con otros estructuralistas- por considerar esa manera de análisis como una forma atemporal, negadora del contexto y totalmente desencontrada con el evento histórico. De ahí es que haya surgido esa dicotomía (tan difundida todavía en la escuela) de que el mito es ficción y la historia es el hecho real.
Más allá de todo, ateniéndose a la primera acepción de la palabra mito que establece la RAE como Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad, creo que en esa “interpretación” hay una conciencia de un sujeto que se encuentra situado en un contexto y está inmerso en un proceso histórico. Por lo tanto, no habría que pensar el mito por un lado y la historia por el otro, sino más bien, como pensaría en sus últimos años Levi-Strauss, la historia también sea una forma de mito. Por qué separar. Seguramente coexistan en una comunidad una conciencia histórica y una conciencia mítica. Y como diría Jonathan Hill (2) "tanto la historia como el mito son modos de conciencia social, a través de las cuales la gente construye marcos interpretativos compartidos”


           
2) Rethinking History and Myth. Indigenous South American Perspectives on the Past (1988) citado en la bibliografía que se ha tenido de referencia para el presente artículo:
Camacho Pineda, Roberto, Levi-Strauss y la Historicidad del Mito. Bogotá. Malagué (2010)