jueves, 9 de agosto de 2012

EL HIPÉRBATON


Los elementos oracionales tienen un orden sintáctico considerado “lógico” cuando responden a un orden dado por sujeto, verbo y modificadores de verbo.  Un ejemplo de este orden oracional lógico podrían ser estos versos del mismísimo Federico García Lorca, pertenecientes a su poema “Alma ausente”:

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.


Como se puede apreciar, el sujeto “el otoño” se encuentra en la posición inicial, luego aparece el verbo “vendrá” y después todo lo que se predica de ese sujeto: “con caracolas, uva de niebla y montes agrupados”. (La misma estructura se repite en el tercer y cuarto verso).

Sin embargo, el orden sintáctico puede ser alterado, con una finalidad estrictamente estética, como dice Alma Maritano, “utilizado como un paso de danza respecto del paso regular de la caminata”. Es de alguna manera buscar un ritmo distinto al ya gastado ritmo cotidiano.

Si bien la estética barroca fue quien más lo cultivó, se pueden encontrar ejemplos de todos los tiempos.

En el Poema de Mio Cid, que data del siglo XII, leemos:

Muchos bienes nos llevamos que valen mucho valor,
escarnio haremos a las hijas del Campeador

El orden sintáctico lógico para los versos anteriores sería: “nos llevamos muchos bienes que valen mucho valor/ haremos escario a las hijas del Campeador”

 Por otro lado, en estos versos de Gustavo Adolfo Bécquer, encontramos:



"del salón en el ángulo oscuro

de su dueña tal vez olvidada

silenciosa y cubierta de polvo

veíase el arpa"


En este ejemplo, el sujeto gramatical “el arpa” –que debería haber estado en la primera posición” está al final.

Hay un sinnúmero de ejemplos de hipérbaton en la literatura (incluso en la prosa), pero me voy a quedar por ahora con estos dos.

Siempre que hablamos de la elección de un recurso poético, sabemos que no se trata de nada deliberado o azaroso. Tampoco se trata de un camino para mostrar algo más bello pero vacío de contenido. La belleza de un recurso poético no puede sacrificar el sentido o los sentidos. El poema es una totalidad y los recursos poéticos tienen que poder estar justificados a la luz de ese sentido.

En el poema de Mio Cid, el juglar tenía sus razones para emplear el hipérbaton: mantener la rima (necesaria como mecanismo de memoria) y enfatizar –en este caso- la venganza que llevarán a cabo los Infantes de Carrión. Elegir colocar al principio del verso “muchos bienes”,  pone en foco su avaricia y luego, en el siguiente verso, anteponer la palabra “escarnio” –incluso antes del verbo-  resalta a los Infantes como agentes de crueldad.

En el caso del hipérbaton de Bécquer, la elección del sujeto al final –que aparece modificado en los tres primeros versos- provoca un efecto muy común del hipérbaton: la expectativa.

Repetimos: la elección de un recurso debe tener un por qué. Dice Ivan Fonagy, en “El lenguaje poético: forma y función”:

“Es una creencia muy generalizada- y hondamente arraigada en las tradiciones de la retórica clásica- que las desviaciones de la regla gramatical en materia de construcción de frases deben interpretarse como otros tantos usos voluntarios (o abusos) de ciertas licencias poéticas, dictadas por el afán de sostener la distinción entre la lengua poética y el lenguaje de la prosa”.

Y es cierto: muchos creen todavía que el uso del hipérbaton (o de cualquier otra figura) tiene la única finalidad de hacer más bello el texto y que con eso basta. Pero esto respondería a un muy escueto razonamiento.

Veamos finalmente  unos últimos versos perteneciente al romántico poeta  alemán Klopstock.:

Doch ein Sturmwiend (o er kommmt! Entflieh du,
Eh er daherrauscht)
Grausam, indem du nun an hellsten gläntzest,

Dich hinstürzen!



¡Pero un viento tempestuoso (¡ah, llega, sálvate
antes de que irrumpa)

cruelmente, mientras tus ojos buscan el cielo claro
se precipitará sobre ti!


Acá, el orden normal implicaría unir  “un viento tempestuoso” al último verso “se precipitará sobre ti”. Sin embargo, en el contexto del poema esa elección de ruptura se explica bien: refleja lo que se desgarra por el súbito horror por la muerte que se aproxima.

Forma y contenido –como vemos- van de la mano.