sábado, 27 de octubre de 2012

Efecto en el lector


Una de las inquietudes que surgen en el escritor es saber si en su texto –ya sea narrativa o poesía- el foco está colocado donde él lo desea o bien, si posee el relieve adecuado para producir tal o cual efecto en el lector.  Y escribir es eso. Una búsqueda constante en un camino sinuoso de tachaduras y borradores. Pero maravilloso si los hay.

El escritor Anderson Imbert  (1)–que tantas veces he citado- dice : “el cuento está agitado por dos momentos reñidos: uno, que ordena los sucesos de modo que el final sea inevitable y, por lo tanto, convenza y satisfaga al lector que lo esperaba; y otro que desconcierte al lector con un final inesperado. La hábil composición de ambos movimientos es una prueba de excelencia”.

Tenemos entonces dos blancos importantes a los que apuntar: convencer e impactar al lector. Esto es, en suma, la finalidad estética de un cuento y la que lo define como tal.

Es cierto que afirmarlo es fácil, pero el tema y la pregunta crucial es: ¿de qué técnicas echa mano el escritor para que ese interés no decaiga? Al respecto, volveré a mencionar a Anderson Imbert y cuyas ideas sintetizaré en este cuadro:

Técnica
Efecto que se pretende provocar en el lector:
Cómo se resuelve
 
El enigma
curiosidad
con explicación
El conflicto
incertidumbre
con ímpetu
La tensión
expectativa
con relajamiento

 

En el cuadro anterior está esquematizado muy escuetamente un efecto que se busca lograr en el lector pero, en primer lugar, nos interesa saber dónde es que colocará el ojo ese lector, en qué lugar del texto levantará la vista, hipotetizará, evocará otras lecturas, etc. Saberlo es importante para el escritor, quien deberá tejer su texto hilvanando distintas posibilidades.

Para Anderson Imbert, por ejemplo, lo que llama la atención del lector es el principio de un cuento: “Este cuento principia bien; tiene un principio que me agarra, pensamos”.

Y atención con este punto. Bien sabemos que cuando hablamos de principio no necesariamente ese principio debe coincidir con el inicio de la historia, tal como sucede en los cuentos policiales, en los cuales el principio de la narración es el final de la acción.

Y otro punto importante es que en los cuentos no todas las acciones son de la misma clase ni cumplen con las mismas funciones (2). Tener en cuenta esto le permite al escritor ir moldeando su cuento, arrojando luz en una u otro parte, aspecto que también ayuda a captar la atención del lector.

Por otro lado, las acciones colocadas todas al mismo nivel pueden ocasionar que aquellas  que quieran ser resaltadas terminen siendo pasadas por alto por el lector y, entonces, el efecto estético que se buscaba del otro lado quede diluido o no expresado.

Para finalizar, ¿de qué recursos puede echar mano el escritor para atrapar al lector y lograr el efecto que busca?

Cuando me hago (y nos hacemos) esta pregunta sospecho que hay tantos recursos como textos literarios. Hacer una recopilación sería imposible.

Sin embargo podría mencionar algunos que se me ocurren ahora: la repetición (a veces contar lo mismo de distintas maneras), el suspenso (escatimarle información al lector), el ocultamiento, descripciones, el ordenamiento de los hechos, distintos registros estilísticos, distintas tipografías, utilización de epígrafes, el “dibujo” de la trama, etc.

 

 

 

 

1) Anderson Imbert, “Teoría y Técnica del cuento” (pág. 141)

2) Anderson Imbert dirá que están los núcleos o episodios argumentales  (que encadenan las acciones principales); las graduales (que van llevando de la crisis al climax), las caracterizadoras (más que nada a nivel de los personajes) y las descriptivas ( a nivel de lugar y tiempo donde ocurren las acciones)

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